Cuentos para niños de 10 a 110 años.

Hoy he decidido hablarles sobre uno de los maravillosos cuentos de Gustavo Díaz Solís. Este escritor venezolano tiene a mí parecer, la lista de muchos de los mejores cuentos que he leído: me atrapan al instante, y esto es por su exquisita forma de escribir. Combina la narración del cuento con la maravillosa poesía, y ese aire poético es uno de los factores que en definitiva deja el deseo de leer más de sus obras. El uso que él le da al lenguaje es otro mundo. Nos acaricia con las palabras y crea un ambiente acogedor, como diciendo “ven, siéntate, relájate y disfruta la lectura”. Es directo a pesar de tener aires poéticos y utiliza con precisión las palabras exactas para hacer al lector delirar. Cada detalle (con respecto a las características) en los que él, de una forma puntual, se detiene para pulirlos y sacar de estos el mayor brillo posible, es totalmente intencional y necesario para enganchar más al lector. El cuento del que les hablaré hoy se llama “Ophidia”. Esta es una hermosa historia en la que la primera línea te atrapa de forma inmediata. Comienza por el final, y termina por el comienzo, enlazando así la primera línea con las dos últimas. Cada espacio o punto son totalmente significativos. En esa primera línea el punto nos marca de una forma determinante: “Mi vida está detenida al margen de su vida apagada”. Dejando así al lector con ansias de seguir leyendo. El cuento es narrado por el protagonista y a partir del primer párrafo el lector se ve en la necesidad de leerlo más una vez para descifrar de quien se está hablando, es decir, qué tipo de criatura es, ya que avanza con las descripciones de un ser cuyas características no soy muy “humanas”. Pero el escritor lanza pequeños dardos con ciertas pistas no muy difíciles de detectar, como por ejemplo, en la primera parte habla del refugio en un árbol, y menciona también la selva; luego, más adelante, cuando habla de Ophidia menciona esta frase: “la inefable elegancia con que iniciaba el ascenso a los árboles”… Indudablemente era de serpientes de quien hablaba. Una pareja. La presentación de estos personajes nos hace ver a esos maravillosos seres como criaturas muy distintas a las que imaginamos, con cualidades humanas de enamorarse, pensar, sentir ira, rencor e incluso sentimientos de venganza. Las humanizan. El autor le atribuye a los animales comportamientos humanos y a los humanos, comportamientos animales, lo que hace ver que no somos tan distintos. El cuento permite ver la historia casi desde un portal, en un mundo paralelo y real. Nos da la sensación de ver las cosas que pasan como a través de un orificio. Una de las cosas más impactantes de este cuento es la adaptación que hizo el autor para que su personaje principal describiera con palabras muy interesantes las cosas que para un hombre pueden ser muy lógicas y cotidianas. Esto sólo puede ser posible con el lenguaje. “El hombre a veces entraba a la selva y abatía a las aves con su arma que proyectaba fuego y ruido en el aire”. (Para referiré a un arma). “Otras veces, de noche, el hombre salía. Entonces botaba un gran chorro de luz por la frente”. (Para referirse a una linterna para la cabeza, especiales para la cacería). A pesar de ser animales, el cuento habla de una pareja de serpientes enamoradas, y el sentimiento de venganza que surge en una de ellas cuando su amada es asesinada. En esta frase se expresa la brevedad característica de los cuentos: “Después Cazadora me contó que ese día el hombre regresó a la cabaña arrastrando el cadáver de Ophidia”. No cuenta cómo la mató, porque al cuentista no le interesa eso, no le interesan los detalles de las acciones, sólo le importan las acciones como tal porque sabe que así mantendrá la atención de los lectores. Esto acorta mucho camino a la historia puesto a que no se extiende en la narración de los hechos, lo cual permite que el cuento sea muy breve y leído en menos de treinta minutos. A partir de la muerte de Ophidia, el protagonista busca venganza. En una de las veces cuando él va a llevar a cabo dicha venganza, el autor consigue crear una atmosfera de tención y suspenso. En esto se denota la intensidad: “Sin vacilaciones me deslicé hasta el suelo. Traspuse la pequeña distancia y me asomé por la rendija. Con la cabeza empujé poco a poco y me arrastré pegado a la pared hasta que tuvo fin. (…) Crucé y me hallé en una distancia afortunadamente oscura. Allí pude orientarme. El corazón me brincaba en la espalda. (…) Después oí pasos. Eran pasos de mujer, menudos, nerviosos. (…) Arriba de mi la cama se hundió un poco. Sentí crujir las maderas. Vi muy cerca los pies de la mujer.” El escritor juega con nuestras sensaciones y ese párrafo es muestra de ello. Nos hace seguir leyendo para ver si la atacó o no, y nos mantiene en esa espera ansiosa. Muy atentos. En los últimos párrafos podemos ver la precisión de la obra cuando narra el protagonista una serie de acontecimientos muy puntuales: “Distendí lentamente mis anillos y subí, subí a la cama. La mujer estaba inmóvil. Dormía.” La utilización de los puntos es un rasgo característico de la precisión. Esto le permite al escritor narrar el cuento de manera eficaz sin que el lector divague, creando así a su vez brevedad e intensidad. Dando referencia de actos importantes sin detenerse a explicar cómo subió, o cómo dormía la mujer, pues, eso no haría más que distraer de lo realmente importante de la narración. En cada una de las líneas se crea un vínculo con el lector, y el escritor a lo largo del cuento va llevado de la mano a los lectores para que no pierdan paso a la historia, pero en ciertas partes, como el comienzo y el final la absoluta intención es hacer que el lector se pierda para que vuelva a leer ese fragmento. El final, por ejemplo, es un final abierto que remite al comienzo. Allí el autor nos suelta para darle rienda suelta a la imaginación. El lector es quien decide si al final la mató o no, y si la mató, es él quien se imagina dónde la mordió y las cosas que se llevan a cabo después, puesto a que en el cuento no dan detalles de ello. Los lectores son quienes les dan el final que ellos quieren. La última frase está cargada de misterio, e intensidad. Es entonces donde se encuentran las dos historias que se hallan en el cuento: la que es contada y la que se oculta. “Árbol de aire, el recuerdo crece en el silencio y en la soledad”. Esto hace pensar al lector y darse cuenta que todo lo ocurrido, lo narrado, no fue más que un recuerdo. Cuando menciona “Árbol de aire” se refiere al pensamiento, y lo que está escrito a continuación “el recuerdo crece en el silencio y en la soledad”, afirma la sospecha de que el personaje estaba recordando. La historia evidente era la que contada por el protagonista, y la oculta era lo que pasaba mientras transcurría el cuento, lo que no era evidente y quizás no esperabas. Jamás imaginarías, a pesar de las pistas dadas a lo largo de la historia, que todo aquello no era más que un recuerdo, y que el protagonista estaba tranquilo en el árbol, triste, pensando en todo aquello. Lo que todo lector piensa es que el tiempo es presente, aunque la narración esté en pasado. Las conexiones de esa frase con la primera parte del cuento son evidentes cuando nos damos cuenta de que al hablar del silencio y la soledad, se refiere a cuando está en el árbol, hecho que narra en la primera parte, esto remite entonces al principio del cuento: “Refugiado en la oquedad de este árbol, al abrigo del relente de la madrugada que desciende de lo alto de la selva”. Así como la primera frase que se relaciona con la tristeza y nostalgia que presenta el personaje principal por la muerte de su amada, enlaza con el final del cuento porque es el estado en el que está el protagonista después de todo lo ocurrido en la historia. También encontramos un cuento que se repite, puesto a que al final nos damos cuenta que todo lo contado no fue más que un recuerdo que llega al lugar de donde partió, como un ciclo. El principio y el final así lo demuestran. Estos tipos de cuentos son como un círculo que cuando se encuentra una extremidad con la otra, la historia no hace más que seguir para volver a contarse. “Ophidia” es un cuento que no se lee una vez, y mientras más veces lo leas, más cosas entenderás y te darás cuenta de demasiadas cosas que pasaste desapercibido a la primera lectura. Cumple con tres características de un cuento, y tiene un ingrediente extra: aspectos poéticos. Mezcla lo maravilloso de dos mundos para crear arte de otro nivel. Es entonces un cuento que está a la altura de los mejores que se han escrito. Hay obras de Gustavo Díaz Solís igualmente buenas como “Arco secreto”, “Entre las sombras” y “Hechizo”, las cuales tienen más de la excelencia del escritor venezolano.

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