El libro de buena ironía: Libro de buen amor.

Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, fue el autor de uno de los libros más transcendentales creados en la Edad Media, ubicados entre los libros más importantes de la literatura en general. El libro fue escrito con más de 1700 prosas rimadas, en esto es notable la influencia de uno de los libros más frecuentados por el Arcipreste: La Biblia, la cual también es escrita en prosas.

Al ser Juan Ruiz perteneciente a la iglesia, y por la introducción del libro (la cual se compone por actos bíblicos) se creía que el libro tenía un carácter meramente religioso, pero lo que en realidad lo hace transcendental, importante y diferente es lo que esconde el libro más allá de los hechos que narra al comienzo. El tema principal del Libro de buen amor no es Dios, y no es la religión, sino el amor terrenal.

El autor tenía una forma de pensar diferente a la de la mayoría de las personas en el Medioevo, y esto hace que el libro, por ende, se encuentre muy adelantado a su época. A pesar de ser perteneciente a la iglesia, en la cual todo es frío o caliente, y a un contexto histórico donde todo es bueno o malo, como lo es la Edad Media; Juan Ruiz creía en una verdad múltiple, podría decirse que era relativista, pues sostiene que todo el mundo debería ser capaz de creer y hacer lo que quiera (advirtiendo siempre, claro, las consecuencias de cada acción). Esto, como puede asumirse, no fue concebido por La Biblia sino por otros libros, lo que evidencia al Arcipreste como un lector sediento de conocimiento. Gracias al Libro de Buen Amor se supo que entre las lecturas de Juan Ruiz, además de la biblia, estaban textos de filosofía, literatura griega y hasta astrología. Leyó libros de Aristóteles, Catón y Platón, y daba base a algunos argumentos con ciertas citas de dichos autores.

“Porque dice Catón: nemo sine crimene vivit (nadie vive sin pecado)”.

Juan Ruiz tenía un gran conocimiento sobre La Biblia (esto se denota en sus primeras prosas), por ende, sabía bien sobre los pecados y sus consecuencias. Sin embargo, en El Libro de buen amor se habla de la recreación de ellos, y lo extraordinario está en que es el mismo Arcipreste quien lo experimenta teniendo aventuras amorosas, las cuales estaban prohibidas para él.

Las intenciones reales del libro no son concretas, pero según el Arcipreste, lo hizo únicamente con la intención de moralizar, pues, creía que no había mejor forma de conocer el pecado que experimentándolo. No podía hablar de él sin haberlo vivido antes. Con esto pueden darse cuenta que el Juan Ruiz tenía una inteligencia voraz, se interesaba por un alma adiestrada, por tener conocimiento. En medio de tanta ignorancia del Medioevo, él leía y se llenaba de estudios. Sabía que el saber era importante. Este conocimiento avanzado le permitió poner las cartas a su favor y de este modo, poder encubrir sus aventuras amorosas bajo el manto de La Biblia con la excusa de enseñarles a las personas lo que les pasaría si hicieran lo que él hizo. Encubriéndose aún más, y para que quedase claro, dice en un fragmento:

“Y ruego y aconsejo a quien lo leyere o lo oyere que guarde bien las tres cosas del alma. Lo primero, que quiera bien comprender y bien juzgar mi intención, por qué hice el libro y la moraleja que de él se saca, no el feo sonido de las palabras, pues, según Derecho, las palabras sirven a la intención y no a intención a las palabras, y Dios sabe que mi intención no fue hacerlo para dar pauta de pecado ni por mal hablar, sino para despertar en toda persona la buena memoria del bien obrar y dar ejemplo de buenas costumbres y consejos de salvación, y para que todos estén avisados y se puedan mejor defender de tantas mañas como algunos usan para el loco amor.”

Ese argumento refleja su coartada para no ser juzgado por lo lujurioso e inmoral de sus actos, sobre todo por el hecho de su estatus social, el cual estaba más cerca del Rey (pertenecía al clero) y por ende, debía tener un comportamiento digno. Tuvo la destreza de manejar perfectamente bien los hilos de las historias y su variedad, además de manipular un sistema para unir temas que son contradictorios en su totalidad como el amor terrenal con un sacerdote de la iglesia, y el amor con la época (pues, en la edad media era un tabú hablar de amor, de las relaciones entre un hombre y una mujer y el deseo que pudiera existir entre ellos. Esto en es libro es conocido como “el loco amor”).

Juan Ruiz escribió el libro narrando sus amoríos y lo hace ver desde una perspectiva irónica, y satírica. El punto de la ironía es muy importante en el Libro de buen amor, ya la mordacidad es muy frecuente. Pues, bien sabía el Arcipreste que si quería llegar, como dijo, a enseñarle a manera de lección algo a una persona, más lograría con risas que con sermones moralizantes. Por otro lado, más allá del contenido del libro, el hecho de que haya sido escrito por un Arcipreste le da un carácter más irónico aún, puesto a que se suponía que un sacerdote encargado de administrar y dirigir un arciprestazgo debía contar con un comportamiento a la altura de su cargo. Debían servirle a Dios y sólo a él, y rechazar las tentaciones del mundo carnal. Juan Ruiz no hizo esto.

A pesar de argumentar con tanta insistencia la finalidad del libro para no ser juzgado, no veo al Arcipreste como una persona temerosa del juicio del hombre, al contrario, era muy astuto y esto lo ponía por encima de esa sociedad, por lo que si se cuidaba de que no lo juzgaran, no era por temor, sino por la necesidad de lograr su objetivo: que el libro permaneciera; casi como un acto de triunfo para decir: “lo hice, logré contar mis historias en páginas y a pesar de que son pecados, el libro permaneció”. Sabía exactamente todo lo que estaba haciendo, escribía con cordura, casi como jugando con las normativas de la época y retando al destino. Se basaba en las parodias humorísticas para contar sus historias y a pesar de que sabía que el humor era condenado en su época, se dio el permiso de usarlo para ridiculizar la realidad, de hecho, él mismo dijo que su intención era divertir y el humor era considerado pecado en el Medioevo porque para tener un humor satírico como el del Arcipreste, se debía ser inteligente, y a la iglesia no le convenía tener a personas pensantes porque de otro modo, no se sustentaría su ideología, por lo que los que sabían leer eran únicamente los pertenecientes al credo, quienes leían La Biblia. Lo que hizo Juan Ruiz fue disfrazar con un manto religioso un libro que habla del Loco Amor, para hacer creer que el tema principal era el Buen Amor y evitar los pecados, porque en la Edad Media cualquier cosa que fuese sugerida por la iglesia para salvar el alma era tomada en cuenta, pues todos querían irse a ese prometido “paraíso” y el libro era una forma de poder reconocer las tentaciones, evitarlas y de este modo mantener el alma pura. Esto le permitió al libro pasar inadvertido a través del sistema y no lo quemaran de inmediato con semejante contenido inaceptable para su época.

Existen distintas teorías sobre el trasfondo del Libro de Buen amor, su verdadera intención o la razón por la cual el Arcipreste escribió ese libro. Se cree que fue porque perdió su honor al ser encarcelado, pero no considero que fuese una cárcel terrenal sino espiritual, en la que él necesitaba hablarlo con alguien y por eso decidió escribirlo, ya que no podía contárselo a nadie sin que lo juzgaran. Haciendo un libro con la coartada de tener una intención moralizante podía contar sus amoríos con ese disfraz que sólo crea la literatura, esa cortina de humo que lo haría pasar desapercibido.

Buscar la intención del libro puede quitarle el sueño a más de uno, pero en realidad no es relevante. Lo verdaderamente importante es lo que nos hizo ver Juan Ruiz a nosotros en pleno siglo XXI, lo que nos enseñó de su época: nos hizo comprender que todos pecamos, y el hecho de que él mismo lo haya hecho, lo demuestra. Él nos expone en el libro la existencia  del camino del bien y el mal, sin embargo, no nos obliga a tener que irnos por el camino del bien, pues también cree en un libre albedrio: el ser humano puede escoger lo que quiera, ya sea el Buen Amor, el Loco Amor o ambos. Esto era impensable en su época porque en la Edad Media no existían matices, y Juan Ruiz demostró que habían miles de ellas, habían grises y no sólo blancos y negros.

Juan Ruiz le daba importancia al conocimiento, y así como creía en una trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; también creía en el entendimiento, la voluntad y memoria. Según la religión cristiana, la base para la iglesia es la trinidad, pero el Arcipreste creía que también era fundamental los tres factores ya mencionados. Sólo así podrás llegar a los pies del Buen Amor o del Loco Amor. Era un lector, y escritor, al tener ansias de conocimiento, fue en búsquedas personales más allá de La Biblia. Fue una necesidad.

El Mester de Clerecía (perteneciente al credo) estableció la escritura como oficio, más allá de la escritura en prosa para pautar las leyes de la Corona, la adopta para la literatura creativa. En el Medioevo todo aquello que requería ser hecho por las manos, se consideraba oficio y era únicamente para los campesinos, esto les generaba dinero, pero el Mester de Clerecía empieza a usar las manos para escribir, transformándola en oficio. No para ganarse la vida, sino un oficio intelectual. Gracias al Mester existen los libros, pues él dio el primer paso al escribir y generarlos. Los reyes de la Edad Media firmaban las leyes con una cruz, no sabían escribir, pues era un desprestigio para ellos, porque el usar las manos sólo era para los campesinos. Durante más de mil años, la escritura fue patrimonio de los monjes.

Se considera una obra de arte muy valiosa para la literatura el Libro de Buen Amor no sólo por su tiempo, sino también por su humor: en la Edad Media no se escribía así (los textos medievales eran muy serios, y aún más, si eran pertenecientes a la iglesia), eso es lo que tanto impacta. Esta es una de las cosas que lo hace ser un libro muy adelantado a su época y ahí radica parte de su importancia. También porque nos muestras más que historias de amores, la historia de un hombre que nos dice que no todos era ignorantes en el Medioevo, que al menos uno de tantos tenía varias lecturas, que no todos estaban hundidos en gran incultura y, lo más importante: al mostrarse él como un humano (en todo su esplendor) con defectos y pecados, que ni el que es considerado el más puro de entre los hombres, es puro en su totalidad, y no por eso quiere decir que esté mal. Que lo bueno puede ser tan relativo como lo malo, dependiendo de la visión de cada cual.

Ni tan bueno, ni tan malo; ni tan santo, ni tan impuro; sólo fue un hombre más.

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