Puta vieja.

“La Celestina” es una obra de Fernando de Rojas. Trata sobre la tragicomedia de Calisto y Melibea, una pareja joven que enfrenta ciertas dificultades para estar juntos, ya que Melibea no quería a Calisto, y éste acude a la Celestina para que lo ayudase.

            Pero en esta ocasión no les hablaré sobre esa historia de amor, sino de uno de los personajes más odiados, amados, perversos, manipuladores y maravillosos de la literatura. Y efectivamente, me refiero a La Celestina. Cualquier persona que decida leer este libro y por el nombre se crea una expectativa, se llevará una sorpresa porque es todo lo contrario a lo que puede dar referencia esa palabra. Pues, al leer el título y saber que se trata de una mujer, da la sensación de que ésta está relacionada con lo celestial, cuya definición es: “del cielo o residencia de las divinidades”. Por lo que pensamos que es una mujer acercada a la gloria de Dios. Pero la personalidad de esta señora, esta vieja, es todo lo contrario a lo que se refiere la palabra “celestial”.

            Una celestina es el nombre que recibe una mujer que antes fue prostituta, pero que por su vejez, no pudo seguir con esa labor. Y entonces se desempeña en otra tarea para ganarse la vida y se convierte en una mujer que procura, encubre o facilita una relación amorosa o sexual entre dos personas, ya que en el contexto social del siglo XV un hombre y una mujer no podían estar solos en un mismo lugar porque esto era tentador para pecar y fornicar, por eso requerían del trabajo de otra persona para llevar el mensajes de los enamorados. Es lo que en El Libro de Buen Amor llaman “trotaconventos”.

            Pues bien, la celestina tuvo seis oficios a saber: lavandera, perfumera, maestra en virgos y afeites, yerbera, curandera y un poquito hechicera. Esto demuestra que la famosa mujer no es “santa” como se creía, sino que es una persona con malicia, ya con mucha experiencia y tramposa. En sus diálogos es notoria su astucia cuando sus argumentos son convencedores y logra manipular a las personas cambiando su pensar y hasta sus emociones.

            Uno de los diálogos en donde podemos notar la manipulación es en el acto primero cuando Pármeno habla con Celestina. Pármeno es amigo y criado de Calisto. Él sabía lo malvada que era Celestina porque había vivido con ella por un mes y quería advertirle a Calisto que no se involucrara con ella porque lo estafaría. Celestina se enteró y estuvo dispuesta a hacerlo cambiar de parecer y en vez de enemigo, aliado convertirlo.

            La actitud de Pármeno era segura, dura; parecía que nadie iba hacerlo cambiar de parecer con respecto a la Celestina. Pero en esa conversación es la misma Celestina quien lo hace cambiar de actitud y pensar dándole en sus puntos débiles para tratar de ponerlo de su lado.

            Sus argumentos fueron muy inteligentes y bien pensados. Era una experta en improvisar, pues no esperaba que Pármeno le llegase diciendo que era el niño que vivió con ella un mes y del cual se había olvidado; más sin embargo, supo cómo darle la vuelta al asunto y cambiar esa actitud firme del joven a una donde éste sentía cierto estimo por la puta vieja cuando ella le dice que su madre ejercía lo mismo que ella y que lo consideraba como su hijo. Además, trató de ponerlo en contra de Calisto, a él, el fiel amigo y sirviente. Dándole entonces el siguiente razonamiento:

“Y tú gana amigos, que es cosa durable. Ten con ellos constancia. No vivas en flores. Deja los vanos prometimientos de los señores, los cuales desechan la sustancia de sus sirvientes con huecos y vanos prometimientos. Como la sanguijuela saca la sangre, desagradecen, injurian, olvidan servicios, niegan galardón.”

            Aprovechó entonces en decirle que se hiciese amigo de Sempronio. Pármeno fue totalmente afectado por las palabras de la Celestina, pues logró que éste se sintiera confundido. La forma en la que jugó con su mente para que de alguna forma decidiera entre ella (su madre a ojos de Pármeno) y su amigo, Calisto, fue magistral. Y confunde más aún a joven sin experiencia y malicia, quien no se da cuenta de que está siendo manipulado, cuando sabe que hay dinero en por medio.

            Aprovechándose de la juventud e inexperiencia de aquél muchacho, le dice que le conviene y le favorecería la amistad con Sempronio porque podrían hablar de mujeres, y de amoríos con él. Cosa que le gustaría hacer a aquél mozo. Para más de su descaro, la puta vieja, le lanza el dardo de la posibilidad de contarle sus cosas a alguien y además, le da motivos del material que contar, es decir, enlaza a Sempronio con una muchacha que a Pármeno le gusta para que pueda haber la posibilidad de que éste pueda llegar a tener amores con la jovencita. Así tiene un amorío y a alguien a quien contárselo:

“Por deleite: semejable es, como seáis en edad dispuestos para todo linaje de placer, en que más los mozos que los viejos se juntan, así como para jugar, para vestir, para burlar, para comer y beber, para negociar amores, juntos de compañía. ¡Oh si quisieses, Pármeno, qué vida gozaríamos! Sempronio ama a Elicia, prima de Areúsa.”

Pármeno se mostró interesado al instante y la argumentación de la puta vieja casi lo convence:

“CELESTINA.- ¿Pero bien te parece?

PÁRMENO.- No cosa mejor.

CELESTINA.- Pues tu buena dicha quiere, aquí está quién te la dará.

PÁRMENO.- Mi fe, madre, no creo a nadie.

CELESTINA.- Extremo es creer a todos y yerro no creer a ninguno.

PÁRMENO.- Digo que te creo; pero no me atrevo: déjame.”

Es increíble la astucia de aquella mujer para cambiar a través de argumentos la actitud, el pensar y la sensación de una persona que tenía sus ideas bien definidas y firmes, para transformarlas en dudosas y hacer emerger sentimientos afectuosos de donde había sólo desprecio. Pasó de detestar a la Celestina a tenerle afecto de madre. Por esa ingeniosidad de ese personaje maligno y maravilloso es que la amamos y odiamos a la vez. Es imposible leer La Celestina y no detenerse en los diálogos de esta mujer para tomar aliento y decir: “¡Qué descarada esta puta vieja!”. También es inevitable notar los tonos diferentes en las que les habla a las personas a su conveniencia. Como si se pusiera una máscara distinta para hablar con cada quien. Y esas máscaras no son visibles, sino auditivas. Las palabras son su antifaz.

000500740

Anuncios

6 comentarios en “Puta vieja.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s