Julio Garmendia.

Introducción

         En el trabajo a continuación se estará haciendo un estudio analítico sobre la obra del escritor venezolano Julio Garmendia, y su innovación con los cuentos fantásticos en la literatura venezolana. Se observarán más puntualmente la mención de ciertos cuentos como “La tienda de muñecos”, “Alma”, “Guachirongo”, entre otros.

 

Sobre el cuentista fantástico

Julio Garmendia fue un venezolano que se desempeñó en diversas ramas, entre las más importantes se encuentran la escritura (en específico el cuento, que es puntualmente de lo que se hablará a continuación), y el periodismo. Sin embargo, a pesar de estar relacionado con este último oficio, Garmendia siempre fue en esencia más letrado que periodista, tal como lo señala Jesús Semprúm en “El libro que no se ha escrito”: “El hecho es que el periodismo no ha contaminado a Garmendia, y que sigue siendo literato antes que periodista”. La contaminación a la que se refiere Semprúm no debe verse con una discriminación hacia el periodismo, sino como una evidente situación que se refiere a la jaula que se crea dentro de esa profesión que encierra todo pensamiento creativo de los periodistas, convirtiéndolos, en su mayoría, en seres encadenados a una realidad en blanco y negro, a una realidad común, amantes de, como lo menciona Semprúm, “los matrimonios de palabras”. Garmendia continuaba con su alma libre, sin la jaula insertada como chip en su imaginación para delimitarla, sus realidades eran pintorescas, y para nada estáticas, más bien, móviles. Su espíritu conservaba una sublime frescura y delicadeza, lo cual mantiene, precisamente, la esencia en sus cuentos, y lo hacía romper el molde de un típico periodista, lo hacía salir de las casillas establecidas.

Garmendia fue un escritor de cuentos fantásticos, en Venezuela no tiene antecedentes, por lo que innovó la literatura y le dio un giro, escribió lo que nadie estaba escribiendo, y sobre todo, lo que nadie había pensado escribir; o, en su defecto, fue el primero en darse a conocer con este tipo de cuentos que, para la fecha, fueron una completa supernova que le dio otra cara a la literatura venezolana hasta nuestros tiempos.

La escritura de Garmendia no se pierde entre los extensos y confusos laberintos por los que caminan las obras de muchos autores venezolanos, los cuales buscan crear una lectura más entretenida usando palabras demasiado rebuscadas e innecesariamente adornadas que crean un nivel elevado de complejidad en el texto, por el contrario, en sus cuentos utiliza palabras puntuales y sobrias, que sugieren una escritura sencilla, pero no poco interesante. En sus obras se denota una fascinante sencillez que logra crear un ambiente ideal para cada escenario que el autor proponga. Tal es el caso en el cuento “El médico de los muertos”, encontrado en “La Tuna de Oro”, donde el lector pasa de verse envuelto en un ambiente intranquilo, casi irritable, a una fría noche de primavera, serena, a pocos pasos de ser escalofriante y tenebrosa. Garmendia, tenía ese don de la sencillez en sus escritos, y de igual manera, son fascinantes. Este extraordinario escritor tenía conciencia de que lo que escribía iba más allá de la narrativa simple de un cuento, y no se puede ignorar que en su obra está presente la poesía en grandes magnitudes.

 

Carga poética en los cuentos de Julio Garmendia:

Oscar Sambrano Urdaneta, en “El Espejo Mágico”, ubicado en el libro “Julio Garmendia ante la crítica”, y como prólogo en “La Tuna de Oro”, señala: “La simplicidad accional de casi todas las historias que vertebran estos relatos, condicionada o no por una visión absurda de la existencia, se corresponde con un discurso narrativo que los acerca a las peculiaridades del lenguaje poético. Por ello Manuel Bermúdez no vacila en relacionar a Garmendia con el Poe de la Filosofía de la Composición”. Por lo que puede entenderse que en la obra del escritor existe un clima poético, tal como se nota en “El Médico de los Muertos”: “-Cuando me contaba entre los vivos – volvió a decir el médico, siguiendo el hilo de sus pensamientos-; cuando me contaba entre los vivos, y era médico entre ellos, ¡qué vano y quimérico trabajo, el de luchar contra la muerte! A veces, el desaliento el desaliento me invadía, y no aspiraba ya entonces más que a la muerte misma, para lograr al fin la certidumbre que nunca hallaba en la existencia… Y ahora –añadió, con una como vaga o dolorosa turbación en la voz-, ahora soy el médico de los muertos… estoy muerto yo mismo… y bastante sé ya, después de todo, sobre este otro incurable mal que nos acosa, noche y día, bajo la aparente quietud del camposanto… esta implacable e invencible vida, que por todas partes recomienza, a cada instante –fuera y dentro de nosotros-, su trabajo de zapa interminable… ¡Alucinante morbo! ¡Espeluznante enfermedad!”, la utilización impecable de las palabras con la sutileza de un escultor que moldea, para moldear cuidadosamente e lenguaje con el objetivo de crear arte sin la exageración de usar palabras demasiado pintorescas, es lo que hace de Garmendia un escritor con el don de la simplicidad. La carga poética, nostálgica y hasta existencialista que tiene el fragmento del libro ya citado, está a la altura de cualquier obra referida al arte de la poesía, ya que en éste están utilizadas imágenes literarias que son transmitidas al lector, así como metáforas. El autor logra emitir un determinado estado de ánimo, y embellece con palabras una escena donde el Médico es el centro de la historia en ese instante, de algún modo, le da esa característica sensible al personaje, que, ya está muerto. Las contradicciones que utiliza, y las que envuelven al personaje en sí, tales como tener tanta sensibilidad estando muerto, o, dentro del diálogo, referirse a la muerte como una “espeluznante enfermedad” son los rasgos que permiten pensar en todo lo esencialmente poético que tiene la obra. De esta manera, se aprecia el delirio del autor por contrastar todo tan delicadamente, hacerlo encajar, y funcionar dentro del contexto del cuento.

La melancolía que se presenta en este cuento es totalmente inesperada, ya que el comienzo es utilizado un contexto de cuidad, y pasa de protestas, intranquilidad, y esos ruidos matutinos típicos de la metrópolis, como autos, camiones, a un ambiente tranquilo, melancólico, acogedor y lleno de poesía, embellecido por las palabras: “Era ya muy tarde, y los mil ruidos que venían de la ciudad habían cesado por completo. De modo que los muertos se olvidaron del motivo mismo de su salida, y todos imitaron el ejemplo del doctor. ¡Volvieron los difuntos a sus cruces, así como retornan, a cierta hora, a sus olivos los mochuelos! Y la paz volvió a reinar, por el momento, en el pequeño camposanto abandonado. La luna seguía su curso por el cielo. Los grillos cantaban con pasión. Brillaban los cocuyos. A ratos, como una ráfaga del mundo, un murciélago hendía el aire. Y poco a poco iban cayendo, como pesadas gotas de algún licor capitoso, las pequeñas flores blancuzcas y viscosas de concentrado y denso aroma embriagador; blanqueaban en el suelo, al pie del árbol, a la luz de la luna, como huesecillos esparcidos…”. Lo leído pudo llegar a considerarse poesía en prosa, y, es poético porque expresa belleza. En “El cuento como poema” de Manuel Bermúdez en “Julio Garmendia ante la crítica”, menciona que “Poe declara la belleza como ‘la única provincia de legítima del poema’. Y la tristeza como la más alta manifestación que puede darle tono”, tomando en cuenta esto, cabe señalar que sus escritos son auténticos poemas en prosa. Donde también podemos ver la magia de Garmendia es en “Narración de las nubes”, donde más que una belleza poética, se puede apreciar otra peculiaridad, la importancia de una figura primordial en ese cuento, que es la de la madre, la cual no es muy frecuente en los relatos de Garmendia: “De cómo nací otra vez en las Nubes, y de cómo vine nuevamente a la Tierra porque, estando recién nacido, había perdido el uso de la razón. (…) observé con angustia que me hallaba sumido en el vientre de una Nube que avanzaba lentamente. Sin atreverme a producir el menor movimiento, dada a la delicada situación en la que me veía, me di a mil reflexiones acerca de esta sorpresa que me deparaba la suerte. (…) En efecto, vine por segunda vez al mundo aquel mismo día.”, la idea de volver a nacer a partir del vientre de una Nube, tiene una imagen poética hermosa, que difícilmente puede ser comparada con otra, por sus características únicas asociadas con el juego de lo verosímil (el nacimiento), con lo inverosímil (el nacimiento a partir del vientre de una Nube); en este cuento se da lo que Poe denomina como poema largo, que en el fondo, “no es otra cosa que una sucesión de poemas cortos”. La figura de la madre se ve presente en la Nube, que además Garmendia la escribe con mayúsculas al iniciar y no con minúsculas, como si fuera un sustantivo común, por lo que le da la fuerza o las atribuciones de una entidad (tal como si se refiriera a un nombre propio), que en este caso es la madre, ligado con el nacimiento, y el vientre, que es el primer lugar en el mundo que ocupamos. Para refutar lo mencionado, se  señala una cita de Manuel Bermúdez: “Este regreso al vientre de una nube puede connotar la imagen de la madre que casi nunca aparece en los relatos de Garmendia. Da la coincidencia de que el mismo tópico de la madre distante, casi etérea, se desarrolla en la obra de Poe.”

Si de figuras retóricas e imágenes poéticas se trata, el cuento “Guachirongo”, es uno de los que más tiene que aportar. Inspirado en un personaje popular, Garmendia lleva a la fantasía a un pintoresco hombrecillo, y le da esa facultad encantadora propia de la poesía más sensible. Esta notable figura, que de por sí sola emana carisma, se presenta como un hombre afligido por la pobreza, que hacía reír y a gradaba a todo mundo. El autor le otorgó atributos casi mágicos, tales como la venta de gritos (tres gritos por locha; de esa manera ganaba dinero), y un hogar entre las nubes del crepúsculo. La parte más significativa del cuento, es la final, donde se pueden observar un clima poético bastante marcado y una narración impecable: “(…) Desapareció un día, y nadie volvió a verle ni a oírle, ni a él ni a sus perros, ni sus danzas, ni sus gitos, ni sus bucles… Pero, hoy todavía, cuando las nubes del verano forman en el cielo sus maravillosas perspectivas, sus lagos, sus mirajes, sus palacios… alguna anciana asomada al postigo de la celosía de una ventana de gruesos barrotes, o parada en el quicio de algún ancho portón, le dice al niño que juega en la acera:

-¡Mira! ¡Guachirongo está bailando allá en las nubes!

-¿Y quién es Guachirongo? –pregunta el niño.

Y la anciana vuelve a contar la hiratoria.”

Le da, encima, es efecto de volver a comenzar, de ciclo, círculo interminable, lo que la hace aún más interesante.

La ironía en la obra de Garmendia:

La ironía es un recurso al que Garmendia recurre mucho en sus cuentos. Es allí donde puede verse la literatura como una máscara con la que el autor puede decir exactamente lo que quiere. El escritor utilizaba la ironía para hacer críticas hacia la humanidad, con el rango que la escritura le permitiera tener. En, “La tienda de Muñecos”, puede observarse lo irónico en muchos aspectos, donde el principal es el hecho de estar en una tienda de juguetes en la cual son éstos los encargados de dicho lugar. Está estrechamente vinculado con la sociedad de entonces, donde es inaudito que sean los juguetes, que son manipulables, los que controlen todo, y no sean las personas las que los manipulen. Un fragmento en específico donde se puede ver claramente la ironía es en este: “confundo los abogados con las pelotas de goma, que en realidad están muy por encima”. Para poder entender claramente cuál es la ironía, hay que tener en cuenta los aspectos generales del cuento, recordar quién es el padrino del muchacho, y el régimen que instituyó donde ordena a sus juguetes con una jerarquía ficticia. Considerando esto, se puede inferir que cuando el autor explica que los abogados están por encima de las pelotas de gomas, nos está explicando que están en un rango superior. ¿Pero por qué las confunde si no se parecen en nada? Es aquí donde está la ironía. Las pelotas son juguetes que pueden ser manipulados muy fácilmente con las manos, pero ¿qué hay de los abogados? Cuando Garmendia expresa sin problemas que los confunde, y que son las pelotas las que están por encima de los abogados, está haciendo referencia a una situación de hoy en día: el hecho de que tal vez, algunos abogados pueden ser manipulados como una pelota. Es allí donde hace un giño al lector y lo invita a pensar y analizar esa frase, ese cuento; lo lleva a preguntarse muchas cosas, y argumentar otras, a cuestionar su realidad y entorno social de hoy día, lo que ha perdurado hasta hoy, y no ha cesado, por esa razón, los cuentos de Garmendia no envejecen, ya que hace referencia a temas universales que se mantienen y no morirán, como la corrupción de algunos abogados, por ejemplo.

El cuento fantástico.

         Garmendia supo utilizar muy bien el cuento fantástico para escaparse de la realidad, y a su vez adentrarse a ella, a su problemática social y humana, llevando la fantasía más allá de la literatura, transformándola en sucesos casi verosímiles. Él estaba consciente de todo esto, y sabía mover muy bien sus hilos para expresar exactamente lo que quería decir a través de su obra. En “El cuento ficticio”, se puede observar algo relacionado en las siguientes líneas: “Soy nada menos que el actual representante y legítimo descendiente y heredero en línea recta de los inverosímiles héroes de Cuentos Azules de que ya no se habla en las historias, y mi ideal e idealismo hoy perdidos: regresar todos –héroes y heroínas, protagonistas y personajes, figuras centrales y figurantes episódicos- regresar, digo, todos los ficticios que vimos, a los Renos y Reinados del país el Cuento Azul, clima feliz de lo irreal, benigna latitud de lo ilusorio. (…) Mi primer paso es reunir los datos, memorias, testimonios y documentos que establecen claramente la existencia y situación del país del Cuento Inverosímil.” Cesar Zumeta, con respecto a “La Tienda de Muñecos”, señalaba lo siguiente: “Con esta sensibilísima flema tropical nos lleva usted en amable viaje por el tan olvidado, viejo y siempre nuevo país de lo Azul, donde todo nos comprueba la engañosa fantasmagoría de lo real y la generosa realidad de ñlo ilusorio y lo fantástico. Es al doblar la última página cuando vuelve uno a sentirse en el cautiverio de Realilandia, en la perpetua Tienda de Muñecos, o de títeres que es la Vida desde antes de que el primer Adán tuviera andanzas con la primera Eva; tienda en la cual cada ser animado goza precisamente del mismo ilimitado albedrío de la buena dama que, al acabar de escribir el primo Basilio regañándolo por haber osado darle cita galante, sale derechamente a acudir a la cita pecaminosa, llevada por la misma fuerza ‘que mueve al sol y a las demás estrellas’”. Zumeta menciona, muy certeramente, el escape de realidad que tiene “La tienda de Muñecos”, en ese lugar la fantasía aborda a todos los personajes, en excepción uno, que es el ahijado, el cual es el único que tiene los pies sobre la tierra, y está consciente de lo que en verdad está ocurriendo. Es este personaje el que da esas dosis de realidad que hace volver de vez en vez a la superficie plana, de lo contrario, no habría forma de no perderse en esa tienda de fantasías. En otros cuentos como “El alma”, “El cuarto de los duendes” y “Narración de las nubes”, por mencionar algunos, también ofrecen lo que llama Pedro Díaz Seijas, otra “dimensión humana”, que permite ver una cara distinta de la realidad, distorsionada con la maravillosa fantasía. Un diablo amable, casi que ingenuo, en “El alma”, donde no se presenta  como ese ser sobrenatural maligno y tentador de los hombres que mencionan en las iglesias, sino más bien como un personaje que puede ser tu amigo, tímido, casi titubeante y tímido al momento de hablar con un hombre, y darle la oportunidad a éste de engañarlo por haberle otorgado la facultad de mentir. Lleva al lector a preguntarse: ¿el diablo realmente fue engañado, o se dejó engañar? Un cuarto donde los duendes caían del techo, y donde son estos los que le recuerdan la infancia al personaje principal, que fue de nuevo a ese cuarto para evocar viejos fantasmas, antiguas memorias, y un viaje en las nubes donde ves las más grandes maravillas, y al regresar a la tierra, vuelves como un bebé recién nacido, el cual se alojó en el vientre de una nube; son historias que en definitiva llevan a una realidad subalterna, utilizando o tomando, maravillosamente, circunstancias de la vida común, y llevándolas a la fantasía, lo cual lo hace rozar las fronteras de la verosimilitud, lo que hace de las obras de Garmendia, una creación increíble que nunca muere, a la cual la literatura venezolana le debe mucho, pues abrió las puertas hacia otros universos en el momento preciso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conclusión

No puede negarse que Garmendia hizo grandes aportes a la literatura venezolana, y es por ello que hoy en día cuando se habla de cuentos fantásticos, el nombre de este venezolano no falta en ser mencionado tanto a nivel nacional como internacional. Sus cuentos son una recolección de las maravillosas ideas que un hombre de alma libre, sensible, ingenioso y creativo; su obra perdurará siempre entre los tesoros más preciados del arte venezolano y latinoamericano, como uno de los principales exponentes del cuento fantástico en esos años.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

  1. Julio Garmendia. (1927) La Tienda de Muñecos (1ra Edición). Editorial Excelsior.
  2. Julio Garmendia. (1951) La Tuna de Oro (1ra Edición). Editorial Monte Ávila.
  3. Oscar Rodríguez Ortiz. (1980) Julio Garmendia Ante la crítca. Editorial Monte Ávila.
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