La oralidad en la literatura infantil y juvenil.

La oralidad en la literatura infantil y juvenil.

 

La oralidad es uno es uno de los modos de comunicación más antiguos y complejos que utiliza el ser humano para comunicarse. Es de las primeras habilidades que se adquiere después de la capacidad del movimiento, en los primeros años de vida. La oralidad le permite al niño expresar por medio de las palabras (y tempranamente, en el proceso de aprendizaje, a través de sonidos, los cuales son, por decirlo de algún modo, el primer paso para el aprendizaje del lenguaje) sus emociones y necesidades principalmente. Cuando el niño crece, se van agregando más funciones a cumplir dentro del lenguaje, como el de usarlo por la necesidad y propósito de integrarse en una comunidad donde las relaciones sociales se establecen en su mayoría mediante el habla. Calsamiglia y Tusón (1999) indican que la función principal de la oralidad consiste en permitir las relaciones sociales, pues la mayoría de las actividades cotidianas se llevan a cabo a través de ella, tanto es así que las relaciones se interrumpen cuando se deja de hablar de alguien (p.29). Partiendo de esa idea, puede decirse que el ser humano existe porque tiene consciencia de ello a través del lenguaje. Alexandra Álvarez Muro, en “La poética del habla cotidiana”, afirma que la oralidad es secuencialidad sonora, una línea en el tiempo que transmite entre hablante y oyente una línea de sonidos que se desvanecen al desaparecer la emisión. Al igual que la música, su vida es efímera, a menos que se traduzca al medio escrito o se conserve por medio de los métodos de grabación (p. 49). Dado entonces a la naturaleza del sonido mismo y a su corta vida sonora en el aire, las palabras no se mantienen pasado años de pronunciarse, por lo que es difícil comprobar el dialecto, la comunicación o la interacción de quienes vivieron antes de la invención de la escritura; se entiende lógicamente que preexistió una comunidad entonces, pero no hay registro oral o escrito, obviamente, de ello, es como si no hubiesen pasado por la tierra, como si no hubiesen existido. Vivían únicamente en el instante en el que usaban el lenguaje, posterior a esto, una vez que se dejaba de hablar, en el aspecto cotidiano, morían de nuevo; la palabra es la fuente de vida que comprueba que el hombre pasa por la tierra en ese instante. Lo vivido es lo que se experimenta.

La aparición del lenguaje parece estar íntimamente ligado con la sociedad. El lenguaje ha sido definido como un hecho social por ser exterior con relación a las conciencias individuales (Durkheim 1974, 1993) Debido a este carácter social, el pronto surgimiento de otras necesidades en la comunidad que el habla cotidiana procedió a cubrir, obligó que su función fuera evolucionado, o amoldándose a las exigencias de la colectividad. Esta demanda iba más allá del simple hecho de comunicarse para establecer relaciones entre sí mismos, y comenzó a abarcar un campo más cultural, con la creación de cuentos, leyendas, historias creadas a partir del imaginario colectivo con el fin de entretener principalmente. Fueron convirtiéndose entonces en rasgos característicos de cada región, donde se escuchaban distintos cuentos y diferentes versiones de ellos. Este fenómeno se explica porque, naturalmente, al ser una narración oral que existe a través de las generaciones, en cada zona y a través de los años, se adornan las historias añadiendo o restando acontecimiento del relato original.

Esta riqueza colectiva únicamente era transferible a través de la oralidad, y fueron los hermanos Grimm quienes recolectaron toda esta conciencia folklórica (alemana) y la transcribieron, de manera que estas tradiciones y leyendas no desaparecieran o se perdieran con el tiempo. Halliday (1989), señala que debemos ser conscientes de que al transcribir, convertimos a la oralidad, que representa la experiencia como proceso, en escritura, que la representa como producto;  de alguna forma, cosificamos la oralidad, que es esencialmente dinámica (Halliday 1989: 81), lo que quiere decir que la escritura es un reflejo de la oralidad, y su tecnología ha llegado a desarrollarse a tal punto en búsqueda de la representación más exacta del discurso oral, en su expresividad y esencia. La descripción del lenguaje oral no es posible sin lo escrito, ya que mal podemos recordar grandes fragmentos de oralidad sin recurrir al otro sistema; pero además el procedimiento de descripción tiñe la escritura de gramática que elaboramos de la lengua oral (Blanche-Benveniste 1998). La necesidad de registrar estas historias de manera escrita para que preservar la cultura alemana, fue lo que llevó a los hermanos Grimm a introducirse al mundo de los cuentos, creando así, los primero libros infantiles. Según Catherine Orenstein, en “Caperucita al desnudo”, en un primer momento los Grimm no tenían ningún interés en los niños o en los libros para niños. Ambos eran académicos preocupados por el lenguaje y el folclore y la preservación del patrimonio cultural alemán (p.54), sin embargo, gracias a que el mercado infantil era más lucrativo que el académico, decidieron dirigir su obra al público juvenil.

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La importancia de la oralidad en la literatura infantil:

        

El desarrollo del niño está íntimamente ligado con el lenguaje. La etapa infantil tiene como formación esencial la oralidad, ya que es el primer elemento social con lo que entra en contacto el infante, desde que está en el vientre materno, cuando su madre a tan temprana edad, comienza a cantarle desde afuera, hasta que finalmente tiene contacto con el mundo exterior, y será el sonido articulado de las palabras de las primeras experiencias humanas que tenga el bebé, escuchando la voz de los doctores, y la madre en primera instancia, para luego, continuar en el hogar las canciones infantiles, nanas, y pequeñas historias, para acercarlo más a la oralidad. De este modo, el bebé va acostumbrándose a esos sonidos, al principio únicamente ruido para ellos, porque no entienden nada, y va detectando que todos eso sonidos descocido y sin sentido, tienen un significado, y a través de los años lo va descifrando, de este modo, el niño adquiere el lenguaje a través de la capacidad asociativa, en la que están implicadas las asociaciones significado – significante que se encuentran en la base del signo lingüístico.

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El lenguaje está relacionado con la capacidad que tiene el niño para reconocer el mundo y así mismo a través de este, usando herramientas como la oralidad y posteriormente la escritura. Es fundamental para el desarrollo cognitivo del infante, ya que la comunicación y el pensamiento se relacionan de un modo único con el sonido. Para la facilidad del desarrollo del lenguaje, se recurre a estrategias infantiles a modo de juego, que ayudan al niño a trabajar en su oralidad dándole un enfoque creativo, tales como las adivinanzas, onomatopellas, trabalenguas, refranes, retahílas; estas prácticas del lenguaje ayudan al niño a acercarse de una forma sencilla y entretenida la lengua, y, en cierto modo, a la literatura a través del lenguaje poético con el que cuentan estas herramientas. Invitan al infante recitar, dramatizar y narrar, lo cual enriquece el vocabulario del niño.

La narración oral es una herramienta muy útil para promover la lectura de cuentos o poemas entre los niños y jóvenes. La lectura en voz alta para el público más joven, tiene la ventaja de impartir el conocimiento literario de una forma colectiva, llegando así no a uno, sino a varios oyentes a su vez, que pueden interesarse o acercarse a la literatura.

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La oralidad cuenta con la flexibilidad de llamar la atención del niño a la literatura de distintos modos, como a través del juego de palabras, la interpretación de personajes en una lectura de una obra de teatro infantil a través de personas o incluso títeres, canciones, entre otras; esto tiene un gran valor educativo, y en ocasiones moral con alguna enseñanza. Al tener la capacidad de adaptarse a las distintas edades con las que cuentan la etapa infantil y juvenil, el tema de la lectura puede variar, siempre manteniendo, sin importar la edad, un carácter didáctico y entretenido. Si los oyentes son niños, el espectáculo puede estar orientado hacia una moraleja, por ejemplo; más si un público juvenil, existe la libertad de tratar con ellos a través de lecturas de poemas o novelas.

La revista del “INTEF” (Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado), apoya la lectura a niños en voz alta porque afirma que la creencia en lo maravilloso y en lo fantástico es imprescindible para el desarrollo global de la personalidad del niño. Poder manipular la realidad le permite construirse a sí mismo, a la vez que diferencia lo mágico de lo real. El desarrollo de la imaginación y la capacidad de fabulación permitirán al niño internarse en un mundo mágico y maravilloso.

El tener contacto con estas experiencias, que para el niño son extraordinarias porque está en una constante estimulación con imaginario,  desarrollan de una forma particular la memoria y la capacidad de aprender. Además que este roce con la cultura a través de dichas actividades, le ofrecen al niño una visión amplia del mundo; y puede no solamente ser el espectador de una obra o una lectura, recordarla o participar en ella, sino que también está la posibilidad de estimular la capacidad de crear arte, como el que se le está impartiendo. Es esta la importancia de la oralidad con respecto a la literatura infantil. Mientras más actividades se expongan ante el público infantil, mejores serán los resultados, para que entonces al tener una edad adulta, la lectura pueda formar parte de la vida de aquellos niños y jóvenes.

Se promueve la lectura principalmente con la intención de crear cultura, se añaden luego a estas intenciones todos los beneficios cognitivos para el niño, artísticos y sociales que trae consigo la literatura.

REFERENCIAS

 

Álvarez Muro, Alexandra. Poética de habla cotidiana.

Blanche-Benveniste, Caire (1998) Estudios lingüísticos sobre la relación entre la oralidad y la escritura.

Calsamiglia y Tusón (1999) Las cosas del decir.

Catherine Ornestein (1862) Caperucita al desnudo.

Durkheim, Émile (1974, 1993) Las reglas del método sociológico.

Halliday, M.A.K. (1989) Spoken and written lenguage.

INTEF. Revista del instituto.

 

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